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Monthly Archives: enero 2008

Tras concluir la serie de artículos que nos han llevado a las selvas del África Central en busca de los últimos dinosaurios (con resultados desalentadores para aquellos que creen que el Continente Negro es un santuario para tan maravillosos animales) nos adentraremos en otras tierras indómitas y no menos salvajes: las de Australia, siguiendo las huellas de un animal maravilloso, el Tilacino. Parece mentira que a día de hoy, Australia, uno de los países más adelantados del mundo pese a ser una nación joven, encierre muchos secretos y misterios. Y un ejemplo de ello es el Tilacino.

No hace mucho, el Tilacino, también llamado Tigre de Tasmania, Lobo de Tasmania o Lobo Marsupial formaba parte de la enorme riqueza zoológica de la que hacía gala Australia antes de la llegada de los primeros europeos. Hoy día, esta maravilla zoológica anda sumergida en las brumas del misterio y trataremos de hablar aquí acerca de la posibilidad de que Benjamin, el último Tilacino que vivió en cautividad y que murió en 1936, en una jaula pequeña y mugrienta en el Hobart Zoo de Tasmania, no fuese el último de los de su especie.

El Tilacino era un animal maravilloso, muestra de la llamada Evolución Convergente (a un mismo problema, la Evolución otorga una misma solución). Era un animal con forma de cánido, de tamaño medio, con un cuerpo estilizado y patas delgadas aunque no demasiados largas y una cola también delgada. Su pelaje era corto y de color leonado, presentando en los cuartos traseros una serie de rayas negras o color café. Era un carnívoro, con unas mandíbulas dotadas de 46 incisivos y capaces de abrirse hasta un ángulo de 120º, que le permitía ingerir pedazos de carne si masticarlos.. Hasta la llegada de los europeos y de los Dingos, el Tilacino era el carnívoro más grande de Australia. Se le presupone un buen sentido del olfato y de la vista y se cree que su coloración le ayudaba a camuflarse y a acechar a sus presas. El macho era más grande y fuerte que la hembra, que tenía en la parte final de su abdomen un marsupio donde criaba a sus cachorros (podían nacer hasta cuatro). Pese a que no se ha conservado archivos sonoros, los colonos británicos afirman que emitía un sonido similar al ladrido de un fox-terrier. Pese a que su aspecto y nomenclatura nos haga pensar que nos encontramos ante un pariente del Lobo o de nuestros queridos amigos los Perros, en realidad el Tilacino estaba emparentado con animales como el Koala o el Canguro.

La llegada del Hombre a Australia supuso la introducción de un duro competidor para el Tilacino: el Dingo. Esta clase de Perro se instaló en el mismo nicho biológico que el Tilacino, por lo que ambas especies entraron en competencia directa por la supremacía de la Isla. Pese a que el Tilacino era más fuerte, el Dingo era un animal mucho más evolucionado y su organización en jaurías les permitió abatir un número de presas mucho mayor que el Tilacino. Así pues, el Dingo fue desplazando al Tilacino de Nueva Guinea y Australia, quedando aislados en la remota región de Kimberly y en la Isla de Tasmania (bastión también del otro carnívoro marsupial: el Demonio de Tasmania).

Durante el S.XVIII y S.XIX los británicos arrivaron a Tasmania, siendo los primeros europeos en documentar el Tilacino para la ciencia. Al principio no hubo problemas, pero los colonos británicos le acusaron de atacar al ganado y se iniciaron campañas de exterminio (de hecho, en 1909, el Gobierno de Tasmania pagaba una libra por cada Tilacino muerto). Tanto el Tilacino como el Demonio de Tasmania fueron puestos contra las cuerdas y si bien puede que estos animales estuviesen detrás de algunos ataques, es cierto que la fama del Tilacino como “devorador de ovejas” es desmesurada. El Tilacino fue cada vez más escaso, lo que llevó a Zoológicos americanos y europeos a interesarse por tener un ejemplar en sus colecciones, para ello no regateaban cantidad alguna: en 1926, el Zoo de Londres pagó 150 libras esterlinas por un ejemplar. El último Tilacino fue capturado en 1933 y vendido al Hobart Zoo de Tasmania y nunca más se volvió a ver uno igual. El ejemplar, de nombre Benjamin vivió en una mugrienta jaula hasta su muerte en 1936. El día de la muerte de Benjamin las autoridades de Tasmania lo delcararon especie protegida, aunque fue demasiado tarde. En 1986, el Tilacino fue declarado como especie extinta…

… ¿Extinta? En los últimos 70 años se han producido unos 300 avistamientos de Tilacinos en Australia, pero las pruebas aportadas (fotografías y vídeos mal enfocados y la frecuente confusión con otras especies que habitan el país, como Dingos y Zorros) no han sido concluyentes y es que solo la captura de un ejemplar vivo o muerto provocará que la comunidad científica reconsidere sus posiciones. Sería maravilloso que el Tilacino se hubiese salvado de los rifles del Hombre en alguna región remota de esa maravillosa tierra que es Australia. El Demonio de Tasmania si lo hizo… 

El Tilacino se convirtió rápidamente en un animal muy popular, apareciendo en el Escudo de la Isla de Tasmania… Por eso, una empresa privada y el Museo Nacional Australiano pusieron en marcha un ambicioso proyecto para clonar al Tilacino, pero inexplicablemente, y tras haber conseguido ADN de Tilacino que facilitase su clonación, el Gobierno australiano paró el proyecto retirando su financiación. La reciente elección de Kevin Rudd como nuevo Primer Ministro de Australia en detrimento de John Howard (el que retiró la financiación) abre la puerta a que se vuelva a poner el proyecto en marcha…

Para finalizar, dejaré tres vídeos acerca de que el Tilacino no nos haya dejado: el primero es de Benjamin, el último Tilacino del que se tiene noticias, mientras que el segundo corresponde a la (mala) filmación de un supuesto Tilacino y el tercero es un fragmento de un programa de Telemadrid llamado La Otra Dimensión dónde aparece una filmación de mejor calidad de otro supuesto Tilacino:

1.

2.

3.

El caso del Tilacino debe de hacernos reflexionar acerca de lo nociva que puede ser la acción del Hombre cuando él desea regular la Naturaleza. Los vídeos os los dejo para que los veaís, compareís y saqueís vuestras conclusiones como yo he sacado las mías. Ahora debemos de esperar para que el proyecto de clonación vuelva o que alguien aporte una prueba contundente para demostar que Benjamin no fue el último de una maravillosa y fascinante especie. Quienes creemos que el Tilacino todavía no se ha marchado así lo deseamos.

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