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Concluiremos con esta serie de artículos referentes a la existencia de Dinosaurios en África. Hoy hablaremos de un animal llamado Emela-Ntouka y que para muchos, se trataría de otro Dinosaurio viviente, que habría dado esquinazo a la extinción y que habría llegado hasta nuestros días oculto en las selvas del África Central.

Su nombre viene del idioma Lingala significa Matador de Elefantes. Es un animal muy presente en las leyendas y mitos de los pigmeos que viven en África central, que lo describen como un animal del tamaño de un Elefante y color verde pálido. Posee cuatro patas cortas y gruesas, además de un cuerno encima de la nariz y de un morro alargado y lleno de dientes. Tendría una cola larga y musculosa como la de un cocodrilo. Su hábitat se encuentra en los terrenos pantanosos de la cuenca del Río Congo, lo que nos llevaría a pensar que este animal posee un modo de vida anfibio y de dieta herbívora, pese a que los aborígenes hablan de que caza humanos, lo que le hace ser temido por éstos. También ataca a elefantes, a los que destripa con su enorme cuerno.

Los primeros testimonios acerca de este misterioso animal nos los da J.E. Hughes en su libro Dieciocho años en el Lago Bangeweulu publicado en 1933, donde Hughes narra la cacería de un Emela-Ntouka (aunque no lo llama por este nombre) a manos de los Wa-Ushi. Habría que esperar a 1954 para que apareciese con su nombre, en un artículo aparecido en la revista Mammalia en un artículo escrito por Lucien Blancou, Inspector Jefe del África Ecuatorial francesa donde nos habla de una criatura más grande que un búfalo y muy agresiva con las siguientes palabras: “[…] también se sabe de la presencia de una bestia que ocasionalmente destripa elefantes, pero no parece prevalecer allí tanto en los distritos mencionados. Se supone que un especimen fue muerto unos veinte años antes en Dongou, pero en la (margen) izquierda del Ubangi y en el Congo Belga”. Esta información fue consignada por Bernard Heuvelmans En la Pista de Animales Desconocidos, aparecido en 1959. En la década de los 80, una expedición dirigida por el criptozoólogo norteamericano Roy Mackal, que viajó a África central siguiendo la pista del Mokèlé-Mbèmbé, se “topó” con las historias en las que estaba envuelto en Emela-Ntouka. Fue Mackal quién aventuró las primeras explicaciones científicas acerca de qué podía ser el Emela-Ntouka.

Para el profesor Mackal, el Emela-Ntouka sería un animal de la familia de los Ceratópsidos, posiblemente un Monoclonius o un Centrosaurus, animales emparentados con el archiconocido Triceratops y cuyas descripciones encajan muy bien con las descripciones que hay del animal. En contra de esta teoría nos encontraríamos que en las excavaciones realizadas por los paleontólogos no se han encontrado restos de estos saurios, por lo que esta hipótesis plantaería más probremas que soluciones: ¿Cómo llegaron estos animales ahí? Y sobre todo, ¿Cuándo?

Estas cuestiones fueron planteadas por el criptozoológo estadounidense Loren Coleman que plantea la opción más viable de que no fuese un dinosaurio, sino una especie de Rinoceronte anfibio. La idea puede parecer descabellada, incluso estúpida, pero no debe descartarse. Los Rinocerontes que hoy conocemos son animales eminentemente terrestes, pero su piel es muy delicada y necesita de baños de lodo para proteger su piel del calor y las picaduras de los insectos. La piel del Emela-Ntounka sería tan delicada que necesitaría de baños frecuentes lo que poco a poco llevaría a este Rinoceronte a hacer parte de su vida en el agua, como lo hacen los Hipopótamos de hoy día. Luego la Evolución le iría adaptando a su nueva vida. Además, el Rinocenronte es un animal muy agresivo pese a ser herbívoro, que ataca a la más mínima provocación lo que justificaría sus ataques a Humanos y Elefantes. A diferencia de sus parientes africanos, el Emela-Ntouka tendría un solo cuerno a imagen y semjanza de los Rinocerontes que habitan Asia.

Muchos investigadores suelen considerar que el Emela-Ntouka es un animal mitológico. Bien de acuerdo, pero los animales mitológicos tienen una base real y debe de investigarse cual es la base zoológica que ha permitido a una cultura “crear” el mito del Emela-Ntouka.

El misterio del Emela-Ntouka sigue ahí, esperando a que lo resuelvan. Debemos de esperar a que alguna prueba irrefutable demuestre la existencia de un Rinoceronte anfibio en África central es real. Que en pleno S.XXI, un animal de este tamaño siga oculto a la ciencia, demuestra que la Tierra, nuestro amado y castigado planeta, contiene muchos secretos.

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4 Comments

  1. manden una expedicion pa alla

  2. Que se mande, con sensores térmicos y muchos inventos más podría localizarse a tal animal

  3. pero… ¿y como se expicaria la cola larga tipo cocodrilo en un rinocronte con un cuerno? me parece que no es un rinoceronte.

  4. Hola pues todos estos animales con la tecnología que hay hoy en día podrían ser rastreados hasta por satélite ¿no creen? ósea si en realidad existieran ya hubiesen sido encontrados.
    Todos los pueblos y culturas tienen sus mitos como acá en Coahuila tenemos a “Metallico” el fantasma de un rockero y a las bestias de Arteaga, de las cuales solo hay cuentos.
    Todo tiene explicación lógica damas y caballeros.


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