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Monthly Archives: diciembre 2007

Concluiremos con esta serie de artículos referentes a la existencia de Dinosaurios en África. Hoy hablaremos de un animal llamado Emela-Ntouka y que para muchos, se trataría de otro Dinosaurio viviente, que habría dado esquinazo a la extinción y que habría llegado hasta nuestros días oculto en las selvas del África Central.

Su nombre viene del idioma Lingala significa Matador de Elefantes. Es un animal muy presente en las leyendas y mitos de los pigmeos que viven en África central, que lo describen como un animal del tamaño de un Elefante y color verde pálido. Posee cuatro patas cortas y gruesas, además de un cuerno encima de la nariz y de un morro alargado y lleno de dientes. Tendría una cola larga y musculosa como la de un cocodrilo. Su hábitat se encuentra en los terrenos pantanosos de la cuenca del Río Congo, lo que nos llevaría a pensar que este animal posee un modo de vida anfibio y de dieta herbívora, pese a que los aborígenes hablan de que caza humanos, lo que le hace ser temido por éstos. También ataca a elefantes, a los que destripa con su enorme cuerno.

Los primeros testimonios acerca de este misterioso animal nos los da J.E. Hughes en su libro Dieciocho años en el Lago Bangeweulu publicado en 1933, donde Hughes narra la cacería de un Emela-Ntouka (aunque no lo llama por este nombre) a manos de los Wa-Ushi. Habría que esperar a 1954 para que apareciese con su nombre, en un artículo aparecido en la revista Mammalia en un artículo escrito por Lucien Blancou, Inspector Jefe del África Ecuatorial francesa donde nos habla de una criatura más grande que un búfalo y muy agresiva con las siguientes palabras: “[…] también se sabe de la presencia de una bestia que ocasionalmente destripa elefantes, pero no parece prevalecer allí tanto en los distritos mencionados. Se supone que un especimen fue muerto unos veinte años antes en Dongou, pero en la (margen) izquierda del Ubangi y en el Congo Belga”. Esta información fue consignada por Bernard Heuvelmans En la Pista de Animales Desconocidos, aparecido en 1959. En la década de los 80, una expedición dirigida por el criptozoólogo norteamericano Roy Mackal, que viajó a África central siguiendo la pista del Mokèlé-Mbèmbé, se “topó” con las historias en las que estaba envuelto en Emela-Ntouka. Fue Mackal quién aventuró las primeras explicaciones científicas acerca de qué podía ser el Emela-Ntouka.

Para el profesor Mackal, el Emela-Ntouka sería un animal de la familia de los Ceratópsidos, posiblemente un Monoclonius o un Centrosaurus, animales emparentados con el archiconocido Triceratops y cuyas descripciones encajan muy bien con las descripciones que hay del animal. En contra de esta teoría nos encontraríamos que en las excavaciones realizadas por los paleontólogos no se han encontrado restos de estos saurios, por lo que esta hipótesis plantaería más probremas que soluciones: ¿Cómo llegaron estos animales ahí? Y sobre todo, ¿Cuándo?

Estas cuestiones fueron planteadas por el criptozoológo estadounidense Loren Coleman que plantea la opción más viable de que no fuese un dinosaurio, sino una especie de Rinoceronte anfibio. La idea puede parecer descabellada, incluso estúpida, pero no debe descartarse. Los Rinocerontes que hoy conocemos son animales eminentemente terrestes, pero su piel es muy delicada y necesita de baños de lodo para proteger su piel del calor y las picaduras de los insectos. La piel del Emela-Ntounka sería tan delicada que necesitaría de baños frecuentes lo que poco a poco llevaría a este Rinoceronte a hacer parte de su vida en el agua, como lo hacen los Hipopótamos de hoy día. Luego la Evolución le iría adaptando a su nueva vida. Además, el Rinocenronte es un animal muy agresivo pese a ser herbívoro, que ataca a la más mínima provocación lo que justificaría sus ataques a Humanos y Elefantes. A diferencia de sus parientes africanos, el Emela-Ntouka tendría un solo cuerno a imagen y semjanza de los Rinocerontes que habitan Asia.

Muchos investigadores suelen considerar que el Emela-Ntouka es un animal mitológico. Bien de acuerdo, pero los animales mitológicos tienen una base real y debe de investigarse cual es la base zoológica que ha permitido a una cultura “crear” el mito del Emela-Ntouka.

El misterio del Emela-Ntouka sigue ahí, esperando a que lo resuelvan. Debemos de esperar a que alguna prueba irrefutable demuestre la existencia de un Rinoceronte anfibio en África central es real. Que en pleno S.XXI, un animal de este tamaño siga oculto a la ciencia, demuestra que la Tierra, nuestro amado y castigado planeta, contiene muchos secretos.

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Seguimos con la serie de artículos dedicados a la posible existencia de Dinosaurios en el Continente africano. Hoy hablaremos del polémico Kasai Rex, que ha sido descartado por los propios criptozoológos como críptido. Con este artículo se pretende denunciar las intoxicaciones que sufre esta disciplina por parte de aventureros o gente que quiere hacer fortuna a costa de una displicina tan seria como cualquier otra.

En 1932, el sueco John Johansson y un sirviente viajaban por el valle de Kasai en el Congo Belga, hoy República Democrática del Congo.  Vieron un rinoceronte pastando y temerosos de que la bestia les atacase, optaron por rodearlo con mucha cautela, cuando de la espesura surgió una gran criatura que atacó al rinoceronte. El sirviente huyó, pero Johansson se desmayó. Cuando recuperó la consciencia, hayó al monstruo devorando al rinoceronte. Johansson dice que era rojo con rayas negras, con un morro con numerosos dientes, mediría cerca de 13 metros de largo y tendría las patas gruesas como un león.

Johansson lo tuvo claro y no vaciló: había visto un Tyrannosaurus Rex. ¿Qué otro animal podría cazar a un rinoceronte? Incluso se aportan dos fotos de Kasai Rex: una de ellas (que no puedo adjuntar aquí) muestra a una criatura parecida a un Tyranosaurio sobre los restos de un rinoceronte. Sin embargo, es la segunda de ellas (aquí os paso el enlace http://www.geocities.com/capedrevenger/Johnson_hoax.jpg) la que muestra lo que de verdad es el Kasai Rex…

… No es un Dinosaurio, como es el caso del Kongamato o el Mokèlé-Mbèmbé, pero tampoco es una especie nueva de animal. El Kasai Rex de la foto que estaís viendo es un Lagarto Monitor, un pariente africano del monstruoso Varano de Komodo. Johansson no era Cripzoológo, era un aventurero que poseía una plantación en el Congo Belga y que seguramente se quiso hacer rico, “vendiendo” la historia del Kasai Rex con un burdo montaje fotográfico. Las fotos serían las pruebas definitivas, pero si nos fijamos bien en la foto, el animal que está encima del “rinoceronte” no encaja para nada con la imagen que tenemos del Tyranosaurio.

La Criptozoología se ve muchas veces intoxicada por individuos como Johansson, que buscando fama, prestigio o dinero inventó esta historia. No hay Tyranosaurios en África. Lo dijeron los zoológos. Y también los criptozoólogos serios. Hoy día el Kasai Rex está defenestrado en la Criptozoología y si ha pasado por esta Bítacora es por que he pensado que su Historia sería buena para defender a la Criptozoología (los Criptozoólogos no investigan el primer testimonio sobre un animal fantasioso que les cuente, si no que contrastan) y para advertir a los seguidores de esta disciplina de individuos como Johansson.

Continuamos con la serie de artículos referentes a la posible existencia de Dinosaurios en África. Una idea, como hemos dicho, atrayente. De hecho, si muchos de nosotros tuviésemos que poner a un dinosaurio en el mundo sería en una selva frondosa, como las del África Central. Ya hemos visto como se ha intentado como se ha identificado al Mokèlé-Mbèmbé como un brontosaurio, no se ha dudado en volver a repetir la identificación “animal misterioso= dinosaurio”.

En esta ocasión hablaremos del Kongamato, no tan conocido como su ilustre “primo” el Mokèlé-Mbèmbé. Su nombre viene a significar “rompe botes”. Anduvo perdido en las nieblas del anonimato hasta que en 1923, cuando la expedición encabezada por Frank H. Melland volvió con varios testimonios de índigenas de la región pantanosa del río Jiundú, pequeño afluente del río Zambeze (en el noreste de la actual Zambia) que describieron al Kongamato como un reptil con alas de murciélago y un largo pico lleno de dientes. Habita en Angola, Zimbabwe, República Democrática del Congo, Namibia, Tanzania y Kenya.

¿Qué puede ser el Kongamato? Melland mostró a los índigenas un libro de animales prehistóricos y éstos, sin vacilar (y con el valor que debe de tener su testimonio, pues son buenos conocedores de la fauna local) señalaron el dibujo de un Pterodáctilo y murmuraban “Kongamato, Kongamato”.  Además la descripción del Kongamato encaja con el aspecto de este animal. Sin embargo, no hay ninguna prueba contudente que asevere esto, además la existencia de otro animal de similares características en los mismos lugares inclina a quien esto escribe a pensar en que es otro animal.

Otro animal como un Murciélago gigante. No es una idea descabellada, la mitología del África central está plagada de mitos acerca de un murciélago gigante que ataca a personas. Esto también encajaría con el Kongamato pues en una ocasión, índigenas de Zambia y Zimbabwe afirmaron a reporteros de la BBC que el Kongamato atacaba a humanos, especialmente bebés. Existe un críptido en esta misma zona llamado Oliatu, que es también un murciélago gigante y al que dedicaremos un capítulo aparte. Esta opción sería la más factible, pues sin dudar de que los nativos vieron un animal diferente, bien es cierto que el murciélago se parece mucho a un Pterodáctilo. Una aventurada hipótesis: durante mucho tiempo se pensó que el Pterodáctilo dormía colgado boca abajo de los árboles, como un murciélago. Posiblemente (y digo posiblemente), Melland mostrase a los nativos ilustraciones de un Pterodáctilo colgado bocabajo, lo que “confundió” a los índigenas que identificaron al prehistórico reptil con el Kongamato. El registro fósil nos daría la razón pues en el pasado existieron murciélagos gigantes y hay una especie documentada (el zorro volador) que mide dos metros de envergadura, solo que no es carnívoro, es frugívoro. Es posible que la ferocidad a este animal sea atribuida.

Otros expertos piensan que se trata de un Ave gigante y que los rasgos reptilianos serían inventados. O que es un animal normal, una grulla quizá, confundida por alucinaciones ópticas que delatan a un ojo mal entrenado.

Empezamos con un Pterodáctilo y acabamos con un Murciélago gigante, algo mucho más factible. Las selvas de África encierran muchos secretos que muy poco de nosotros alcanzaríamos a entender. Entre ellas muchas especies de animales, desconocidas para la ciencia ¿Podría ser el Kongamato una de ellas? Podría…