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Monthly Archives: noviembre 2007

¿Ocultan las selvas de África central los últimos vestigios de una especie de animales irrepetibles? ¿Burlaron los dinosaurios a la extinción en las frondosas selvas de África? La idea parece seductora. Pese a la colonización y las misiones de exploración, África es aún hoy un continente indómito y en muchos de sus lugares no han sido hollados por los pies del hombre.  África, la cuna de la Humanidad misma, guarda miles de secretos que aguardan al audaz para descubrirlos y publicarlos. Este es el continente que cuenta con una riqueza animal tremenda y puede, que si los testimonios de los nativos y las aseveraciones de algunos Criptozoológos son ciertos esta riqueza se vería incrementada al ser el último bastión de una estirpe de animales que en su día gobernaron la Tierra: los Dinosaurios. Durante una serie de post intentaremos investigar sobre los críptidos que viven en África y que muchos toman por Dinosaurios.

El primero de ellos sería el más famoso: el Mokèlé-Mbèmbé (el que detiene ríos  en lengua lingala). Es un animal presente en cientos de mitos de distintos pueblos del África central, pueblos dispersos entre sí y que díficilmente se veían salvo por algún que otro intercambio comercial. Si bien sería innegable la existencia de una matriz cultural común, la fidelidad en las descripciones nos lleva a pensar que el Mokèlé-Mbèmbé es algo más que un animal mítico. Y si lo fuese, tiene que tener una base de realidad y tendríamos que ir a ella para descifrar este enigma.

La descripción que nos arrojan los nativos de la zona (está especialmente arraigado en la cultura pigmea) nos hablan de una animal mucho más grande que un elefante (de unos cuatro a seis metros de alto, por cinco a diez de largo), dotado de un largo cuello y flexible y de una cola musculosa como la de un cocodrilo. Suele contar con un enorme diente, aunque en otras versiones es un cuerno. Su dieta es hervívora, saliendo del agua a la orilla para comer vegetales, aunque hay versiones en las que se dice que caza hipopótamos y humanos. Muchos pescadores nativos evitan las zonas del río donde vive el monstruo.

Los primeros informes a Europa llegaron en 1776, cuando esta historia fue tomada en serio fue a comienzos del S.XX cuando las autoridades coloniales alemanas, así como algunos zoos deseosos de tener al animal en su colección , organizaron expediciones para capturar al animal. Ninguna de ellas tuvo éxito. Es más, Hans Schomburgk, un experto cazador contratado por el Zoológico de Hamburgo para hacerse con algunos ejemplares para su colección llegó a afirmar: ” Los nativos que desean complacer al visitante blanco y al mismo tiempo esperan alguna recompensa valiosa están demasiado dispuestos a garantizar que conocen un animal de piel azul, seis patas, un solo ojo y cuatro colmillos. El tamaño de la bestia dependerá de quien lo pregunte. El nativo dirá lo que el hombre blanco desea escuchar”. La verdad es que los argumentos de Schomburgk son contundentes y las expediciones que siguieron a la suya han vuelto con las manos vacías y sin ninguna prueba contundente para probar las existencia de la bestia avalan las afirmaciones del cazador alemán. Pero…

Pero… es muy complicado creer que muchos pueblos dispersos den un retrato tan fiel de un mismo animal. Estos nativos creen que Mokèlé-Mbèmbé es tan real como un león, un hipopótamo o un rinoceronte y esta gente conoce la zona y los animales que allí viven como la palma de su mano. Pero, ¿Qué es el Mokèlé-Mbèmbé?

Muchos abogan por que sería un Apatosaurio, que habría dado esquinazo a la extinción en las pantanosas tierras del África Central.  Y es cierto que la descripción del animal hecha por los nativos encaja con la de un Apatosaurio. Sin embargo, los científicos y muchos cripzoológos descartan dicha posibilidad, que es avalada por los creacionistas.

La opción más plausible es que se trate de una especie nueva de reptil, siendo la que más encaja en la descripción que arrojan los nativos la de un Varano gigante. Cabe destacar que un animal de la familia de los Varanos (el Dragón de Komodo) posse unas dimensiones notables y de hecho su nombre (Dragón) evoca a un animal de grandes dimensiones. Su dieta sería piscivora, saliendo a la orilla a tomar el sol o reporducirse. Marcadamente territorial, atacaría a hipopótamos y a humanos cuando considera que ellos han invadido su territorio. Este Varano sería mucho más grande que el Dragón de Komodo.

Las teorías que aventuran que posiblemente se trate de Rinoceronte nadando o un grupo de Cocodrilos machos persiguiendo a una hembra en época de apareamiento suenan a desprecio hacia unas personas que conocen bien la zona y los animales que allí viven, si bien no es descartable que muchos de los avistamientos que hemos atribuido a Mokèlé-Mbèmbé sean confusiones con otros animales.

Lo único cierto a día de hoy es que no tenemos una prueba sólida que no pueda ser desmontada por cualquier escéptico y si un montón de indicios que parecen decirnos que “algo” se esconde en los pantanos del África central y esperan que alguien, definitivamente, arroje algo de luz a un tema que en pleno S.XXI sigue sumido en las brumas del misterio.

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El Yeti llega a esta bítacora tras su aparición en el programa de Cuatro “Cuarto Milenio”, que últimamente está tratando temas de Criptozoología.

El Yeti. Quizás uno de los grandes enigmas de la Criptozoogía y solo el Monstruo del Lago Ness puede disputarle el “honor” de ser el críptido más buscado del mundo. Y es que los paralelismos entre las dos criaturas son enormes: ambos viven en lugares poco explorados, rodeados por una bruma de misterio y romanticismo; ambos han sido perseguidos por expediciones  y… no hay ninguna prueba contundente que pueda demostrar a día de hoy la existencia del Yeti. Hay algunos restos que se veneran en templos budistas del Himalaya, pero gran parte de estas reliquias pertenecen a un oso o al major, una especie de cáprido que habita por esos lares.

¿Qué animal es el Yeti? ¿Nos encontramos ante una nueva especie o ante un animal al que dimos por extinguido antes de tiempo? ¿Quizás es el Yeti fruto de alucinaciones provocadas por la falta de oxígeno en las alturas del Himalaya? Bien, los desglosaremos en este artíclo. La imagen que se nos viene a la cabeza es en un enorme ser humanoide, de largos brazos y cubierto de pelo.

Evidentemente, es un ser simiesco. Por los que las primeras teorías apuntaron a un simio gigante, un pariente lejano del Orangután, el gran simio del continente asiático. Un macho de orangután es un animal formidable, posiblemente uno de los animales más fuertes del mundo. Además, el orangután tiene los brazos largos, una marcha bípeda y su cuerpo recubierto de pelo. Además, el nombre de Orangután significa “Hombre del Bosque”… En contra de esto nos encontramos que actualmente no se han documentado simios y grandes simios en hábitats similares al Himalaya. Si bien hay simios en las montañas del Japón o en el Penón de Gibraltar en estos lugares hay frutos durante todo el año, circustancia que no se da en el Himalaya. Estas desventajas también se aplicarían a los que defienden que se trataría de un Gigantopithecus, un simio tan grande que dejaría como enanos a nuestros orangutanes y gorilas de hoy día.

La Sociedad Española de Criptozoología ha colgado una serie de interesantes artículos en su web acerca del Yeti en los que aventuran la posibilidad de que el Yeti sea un Oso Pardo, concretamente, un Oso Azul del Tíbet. Los animales de la familia de los osos tienen tendencia a erguirse sobre sus dos patas, si bien la marcha común de un oso es sobre sus cuatro patas. Un oso puede dejar además huellas similares a las de un ser humano… Visto desde lejos y con su marcha bípeda, un oso podría ser confundido con un ser humanoide. Además, gran parte de las reliquias que se custodian en templos budistas son en realidad huesos y pelo de oso

Para quien esto escribe, el misterio del Yeti es más simple de lo que parece: las diferentes subespecies de Oso Pardo que pueblan el Himalaya unido a la sujestión y a la falta de oxígeno, que suele provocar ciertas alucinaciones ha “creado” el mito del Yeti. Sin embargo, habrá incredulos que tilden esta explicación de simple y hasta que no se encuentre una prueba contundente no darán su brazo a torcer… A fin de cuentas, todos necesitamos monstruos en nuestras vidas.