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Pese a que la tala indiscriminada hace que cada vez mengüe más, el Amazonas, el llamado “Pulmón de la Tierra” encierra secretos biológicos dignos de descubrirse y de documentarse. Lamentablemente, mucha de estas criaturas se extinguirán antes de que podamos siquiera, documentarlas y muchas de ellas (especialmente las plantas) pueden encerrar el secreto para curar enfermedades como el SIDA o el cáncer. Puede que este alegato ecologista sea lo políticamente correcto hoy día, pero quien me conoce bien, sabe que yo siempre he sostenido estas posturas antes de que se pusiesen de “moda”.

El Amazonas es hogar de animales sorprendentes como el Boto o como la Ambripígida, un insecto que parece sacado de “La Guerra de los Mundos”. Muchas zonas del Amazonas no han sido holladas por el pie del hombre y esas zonas encierran multitud de animales y plantas todavía por catalogar. Como se ve, el Amazonas es una cantera de “críptidos” y surtirá a esta bítacora de más monstruos en el futuro…

Cuentan los Indios del Amazonas que en las profundidades de la selva habita el Mapinguari, un antiguo chamán indio que por sus malas artes con la magia se vio convertido en una criatura horrible: una especie de oso con rostro humano, pelo rojizo, pies invertidos, dos bocas (una de ellas en el abdomen), inmune a las balas y con un hedor terrible. Combina la marcha cuadrúpeda con la bípeda. Para muchos científicos es una leyenda, un cuento que los abuelos cuentan a sus nietos al calor de una hoguera. Para otros, como el zoológo brasileño David Oren es un animal real y lo hace amparándose en los cerca de 100 testimonios que ha recogido de personas que afirman haber visto al animal o que han visto indicios de su existencia: heces, huellas o plantas mordisqueadas.

Pero, ¿Qué es el Mapinguari? Para muchos se trata de una versión brasileña del Bigfoot o del Sasquach norteamericano, aseverando sin duda que se trata de una especie de gran simio que habita por toda América. A favor de esta teoría se encuentran indicios como el Mapinguari alterna la marcha bípeda con la cuadrúpeda y sus rostro humanoide (considerando al simio como estrechamente emparentado con el ser humano). Además, de los tres continentes que albergan simios (África, Asia y América), dos albergan una especie de gran simio. Falta por tanto, un gran simio americano y muchos ven en el Mapinguari el “primo” americano del Orangután, el Gorila o el Chimpancé.

Sin embargo la teoría que más fuerza ha cobrado es que la que sostiene David Oren y la que es aceptada por la mayoría de los Criptozoólogos de hoy día: el Mapinguari es un Megaterium, una especie de perezoso gigante al que se cree extinto desde hace 9.000 años. A favor de esta teoría se fundamenta lo que sabemos del Megaterium por el registro fósil y por algo de zoología comparada (viendo un poco a los perezosos de hoy día). Sabemos por el registro fósil que el Megaterium podrían andar a dos y a cuatro patas (se erguía sobre sus traseras para alimentarse de las ramas de los árboles), poseía un pelo rojizo y su piel era dura, lo cual le haría inmune a balas de poco calibre. El asunto más espinoso es la segunda boca del Mapinguari, que Oren cree que puede ser una glándula que le permitiría marcar su territorio, por ejemplo. Respecto a su mal olor, este podría ser por la glándula abdominal o por que los perezosos actuales, al ser tan lentos, llegan a criar hongos en su pelaje lo que les hace desprender un olor desagradable. Podemos suponer que el Megaterium también tenga hongos en su rojizo pelaje debido a su lentitud. Así pues, los testimonios parecen indicar a que el Megaterium dio esquinazo a la extinción en las frondosas selvas del Amazonas.

Muchos zoológos que creen que el Mapinguari es un puñado de leyendas (despreciando así los testimonios de Oren, muchos de ellos tomados de indios que conocen la zona y a la fauna que habita en ella) acusan a los Criptozoólogos de modificar la realidad a su antojo para hacer encajar al Mapinguari con el Megaterium. Se apoyan en que el Mapinguari es un ser sanguinario, mientras el Megaterium era un herbívoro pacífico. Bien, cuando el Gorila era más un mito que una realidad zoológica, se le achacaba un comportamiento violento y sanguinario, cuando a día de hoy, se ha documentado que es un bonachón herbívoro en lugar de un violento carnicero.

Sea lo que sea, los testimonios recogidos y los indicios fósiles dan la razón a Oren. Las selvas del Amazonas son el lugar ideal para que el Mapinguari sobreviva, solo hace falta que los testimonios e indicios fósiles se vean complementados por una prueba contundente que demuestre que Oren, los criptozoólogos y los locos que les creemos tenían razón.

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