¿Ocultan las selvas de África central los últimos vestigios de una especie de animales irrepetibles? ¿Burlaron los dinosaurios a la extinción en las frondosas selvas de África? La idea parece seductora. Pese a la colonización y las misiones de exploración, África es aún hoy un continente indómito y en muchos de sus lugares no han sido hollados por los pies del hombre. África, la cuna de la Humanidad misma, guarda miles de secretos que aguardan al audaz para descubrirlos y publicarlos. Este es el continente que cuenta con una riqueza animal tremenda y puede, que si los testimonios de los nativos y las aseveraciones de algunos Criptozoológos son ciertos esta riqueza se vería incrementada al ser el último bastión de una estirpe de animales que en su día gobernaron la Tierra: los Dinosaurios. Durante una serie de post intentaremos investigar sobre los críptidos que viven en África y que muchos toman por Dinosaurios.
El primero de ellos sería el más famoso: el Mokèlé-Mbèmbé (el que detiene ríos en lengua lingala). Es un animal presente en cientos de mitos de distintos pueblos del África central, pueblos dispersos entre sí y que díficilmente se veían salvo por algún que otro intercambio comercial. Si bien sería innegable la existencia de una matriz cultural común, la fidelidad en las descripciones nos lleva a pensar que el Mokèlé-Mbèmbé es algo más que un animal mítico. Y si lo fuese, tiene que tener una base de realidad y tendríamos que ir a ella para descifrar este enigma.
La descripción que nos arrojan los nativos de la zona (está especialmente arraigado en la cultura pigmea) nos hablan de una animal mucho más grande que un elefante (de unos cuatro a seis metros de alto, por cinco a diez de largo), dotado de un largo cuello y flexible y de una cola musculosa como la de un cocodrilo. Suele contar con un enorme diente, aunque en otras versiones es un cuerno. Su dieta es hervívora, saliendo del agua a la orilla para comer vegetales, aunque hay versiones en las que se dice que caza hipopótamos y humanos. Muchos pescadores nativos evitan las zonas del río donde vive el monstruo.
Los primeros informes a Europa llegaron en 1776, cuando esta historia fue tomada en serio fue a comienzos del S.XX cuando las autoridades coloniales alemanas, así como algunos zoos deseosos de tener al animal en su colección , organizaron expediciones para capturar al animal. Ninguna de ellas tuvo éxito. Es más, Hans Schomburgk, un experto cazador contratado por el Zoológico de Hamburgo para hacerse con algunos ejemplares para su colección llegó a afirmar: ” Los nativos que desean complacer al visitante blanco y al mismo tiempo esperan alguna recompensa valiosa están demasiado dispuestos a garantizar que conocen un animal de piel azul, seis patas, un solo ojo y cuatro colmillos. El tamaño de la bestia dependerá de quien lo pregunte. El nativo dirá lo que el hombre blanco desea escuchar”. La verdad es que los argumentos de Schomburgk son contundentes y las expediciones que siguieron a la suya han vuelto con las manos vacías y sin ninguna prueba contundente para probar las existencia de la bestia avalan las afirmaciones del cazador alemán. Pero…
Pero… es muy complicado creer que muchos pueblos dispersos den un retrato tan fiel de un mismo animal. Estos nativos creen que Mokèlé-Mbèmbé es tan real como un león, un hipopótamo o un rinoceronte y esta gente conoce la zona y los animales que allí viven como la palma de su mano. Pero, ¿Qué es el Mokèlé-Mbèmbé?
Muchos abogan por que sería un Apatosaurio, que habría dado esquinazo a la extinción en las pantanosas tierras del África Central. Y es cierto que la descripción del animal hecha por los nativos encaja con la de un Apatosaurio. Sin embargo, los científicos y muchos cripzoológos descartan dicha posibilidad, que es avalada por los creacionistas.
La opción más plausible es que se trate de una especie nueva de reptil, siendo la que más encaja en la descripción que arrojan los nativos la de un Varano gigante. Cabe destacar que un animal de la familia de los Varanos (el Dragón de Komodo) posse unas dimensiones notables y de hecho su nombre (Dragón) evoca a un animal de grandes dimensiones. Su dieta sería piscivora, saliendo a la orilla a tomar el sol o reporducirse. Marcadamente territorial, atacaría a hipopótamos y a humanos cuando considera que ellos han invadido su territorio. Este Varano sería mucho más grande que el Dragón de Komodo.
Las teorías que aventuran que posiblemente se trate de Rinoceronte nadando o un grupo de Cocodrilos machos persiguiendo a una hembra en época de apareamiento suenan a desprecio hacia unas personas que conocen bien la zona y los animales que allí viven, si bien no es descartable que muchos de los avistamientos que hemos atribuido a Mokèlé-Mbèmbé sean confusiones con otros animales.
Lo único cierto a día de hoy es que no tenemos una prueba sólida que no pueda ser desmontada por cualquier escéptico y si un montón de indicios que parecen decirnos que “algo” se esconde en los pantanos del África central y esperan que alguien, definitivamente, arroje algo de luz a un tema que en pleno S.XXI sigue sumido en las brumas del misterio.